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jueves, 6 de diciembre de 2007

La nueva campaña de publicidad

Él la esperaba. Como siempre ella se retrasaba. Él ya se había acostumbrado, incluso alguna vez aparecía varios minutos después de la hora fijada. En ocasiones daba un pequeño rodeo par tardar más y en otras simplemente se entretenía mirando escaparates. Sonó la puerta. Él se giro y la vio. Apareció con unas botas altas de cuero o al menos lo imitaban de color negro. Llevaba unas medias oscuras, bastante tupidas. Él se imagino que eran pantis. Por encima unos pantalones cortos con dobladillo con un cinturón negro de adorno. Una blusa gris marengo y una cazadora o chaqueta también oscura. En la mano un abrigo jaspeado de color gris y un bolso que le recordó, a la gata de angora que había visto ese mismo día en casa de un cliente.

Se dijeron hola y se besaron. Ella le puso la mejilla y él estampo sus labios. Nunca conseguía recordar que no la gustaba que la besaran nada más pintarse.

Él se pregunto por el precio de un pintalabios. Se miraron a los ojos.

-¿Donde vamos?- dijo él –¿hacia la derecha o hacia la izquierda?-. El pensó de nuevo en el pintalabios, ¿Cómo lo harán las actrices porno para realizar 234 felaciones seguidas y que precisamente no sea la pintura de labios lo que se corra?

-Vamos para arriba- dijo ella. Se cogieron de la mano. Entrelazaron sus dedos. Él inspiro para captar su olor. El perfume le excitaba en gran medida y ese en particular aún más.

Ella le pregunto por el día que había pasado. El contesto sin ganas y con pocas palabras. No había sido un buen día al menos hasta ese momento y no quería que cundiera el desanimo. Rápidamente, antes de que ella retomara la conversación, él paso al ataque y la pregunto.

Empezó por contar a que hora había llegado al trabajo, el caos de la gran ciudad, el autobús, el frío, la gente caminando como ovejas… Él volvió a recordar la gata que con ojos fríos le había mirado por la mañana, a la que incluso habían presentado. Ahora se la imaginaba colgada de su hombro. Ella seguía relatando su día, ahora hablaba de su jefa y compañeros. Volvió a inspirar para que su olor penetrase dentro de él y poder llenarse de ella.

-Por cierto, ¿Dónde vamos?- dijo él.
-Donde quieras- dijo ella.
-No he pensado nada- contesto.
-Yo tampoco-
-¿Y por que vamos para arriba?- dijo él de nuevo.
-No lo se, por tirar para algún sitio- contesto ella.
-Siempre estamos igual- dijo él con cierto tono.
-Es que siempre soy yo quien piensa los sitios- replico ella.
-Pues no será últimamente, estoy hasta las narices de estar dándole vueltas a la cabeza para decidir que hacemos y las últimas veces he sido yo el que ha tenido que decir algo para que luego encima digas que vaya mierda de tarde que hemos pasado.
-Quizás es que no teníamos que pasar mas tardes juntos- Dijo ella, subiendo en gran medida la voz y separando las manos.

-Y es en este momento donde aparece sobreimpresa nuestra revista, hasta ocupar casi toda la pantalla junto a una voz en off que diga… “Con Guía del ocio esto no habría pasado. Guía del ocio, tu consejero de pareja por solo un euro a la semana”- dijo Richard al grupo responsable de la campaña de publicidad para la nueva temporada de la revista.

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