“Y el hombre caminó erguido” es un webblog que intenta ser una extensión de quien lo crea, un grito a la imaginación, a la sensibilidad.    
 Aquí encontrarás articulos de opinión personal, actualidad, consejos, curiosidades y separado de ello,    
 y en sus tres secciones, la completa actualidad del arte, lugares de ensueño e ideas para pasar una apacible velada.    

sábado, 2 de julio de 2011

Hoja en blanco

Hacía ya años que no miraba una pantalla en blanco; años sin buscar la idea perfecta, la frase exacta; años sin sentir el miedo al qué dirán; años sin debatirme entre escribir para mí o hacerlo para los demás; años sin sufrir la terrible hipocresía de decir lo que pienso, lo que siento, cuando en realidad solo escribo para los demás. Únicamente escupo letras que unos quieren oír o que a otros les agrada que yo les cuente. Pero si realmente hago examen de conciencia ¿cuántas veces he escrito para mí, cuantas he querido realmente que los demás escruten en mi interior? Maldita hipocresía.


Hoy me sentía cansado. Sentía que estaba viviendo una vida que no era la mía, como si me hubiese transmutado en otro ser y deseaba que ocurriese algo que me ayudara a ser esa crisálida que cambia su rol, su vida, su forma, toda su esencia para dejar de ser larva y ser otra cosa. Me daba igual que fuera mariposa o saltamontes; gacela o jaguar; lo que fuera siempre y cuando algo cambiase de una maldita vez. Ya no me bastaba con soñar despierto. Cada vez me costaba más saltar a otro mundo. Sería el hastío o el cansancio o la edad o quizás la suma de todo lo que me hacía difícil simplemente continuar.


Hacía tiempo que no me sentía realmente libre como esta noche y aún así no podía alejar de mí el miedo a que este breve instante desapareciera. Había preparado un whisky ya casi acabado y esperaba que nada ni nadie profanaran mi encuentro con las palabras. Cada ruido que escuchaba, cada chasquido de madera o metal de los que se oyen en la noche, cada silbido del viento, cada aleteo de un insecto, un vehículo que pasaba, todo me hacia estremecer pensando que ese momento de encontrarme conmigo mismo iba a evaporarse sin que me diera tiempo ni siquiera de sentir que había ocurrido.


Ya apenas quedaba alcohol en el vaso y la verdad es que me apetecía seguir bebiendo pero me sentía tan cansado que ni siquiera podía ir en busca de la botella. Seguía sin saber si escribir para una larva o hacerlo para la mariposa pero al menos ahora la pantalla ya no estaba en blanco. Maldita hipocresía.

No hay comentarios: